A mis mujeres

Esto es para Mara, para Valeria, para Lesvy, para ti, para todas. Me duele mucho lo que pasa, me duele profundamente saber que les arrebatan la vida a mis compañeras. Que una mujer más joven que yo fue privada de crecer, de tener un empleo, de seguir luchando por la mayor resistencia que tenemos: vivir.

Las mató el machismo y el patriarcado, nos están matando. Cuando leí la noticia del feminicidio de Mara iba en el transporte público, en el área reservada para mujeres, tenía un nudo en la garganta y los ojos se me llenaban de lágrimas. Quería decirles a todas las mujeres a mi alrededor que había que cuidarnos y abrazarnos, porque habíamos perdido a una de nosotras.

El pensamiento colectivo fue que pudimos ser nosotras, o nuestra hermana, o nuestra prima, o nuestra sobrina, o nuestra madre, o nuestra amiga o compañera, pude ser yo. Ese día fui a casa de mi hermana y al ver a mi sobrina la abrace fuerte, como queriendo protegerla de todo peligro.

Luego envié un mensaje a mi amiga de hace más de 20 años, que vive en Puebla. “Cuídate mucho, por favor, te quiero muchísimo”, le escribí. Ojalá tuviera la certeza de que me va a contestar todos los días. Leí todos aquellos tuits de mujeres con rabia, tristeza, indignación, miedo, coraje.

La mayoría no conocíamos a Mara, o a la pequeña Valeria, o a Lesvy o a miles que estoy omitiendo o de las que no sé sus nombres, pero la herida se queda aunque no las conocieras porque sabes que el patriarcado, el machismo y la impunidad nos pueden alcanzar, duele porque sientes que no hiciste lo suficiente o llegaste muy tarde.

¿Por qué?, me pregunté toda la noche, ¿por qué nos matan? ¿por qué sienten que tienen derecho a privarnos de vivir? ¿por qué nos desaparecen? ¿por qué nos violan? ¿por qué nos torturan con tanta saña?

Tenemos razones para estar enojadas, para sentir ese coraje porque no sólo nos matan sino que además el feminicidio en este país es una delito sin castigo. Lo hacen, porque pueden hacerlo, porque todo el sistema patriarcal les abre la puerta al delito, porque seguimos normalizando machismos todos los días.

El fin de semana tomé un Uber, era muy temprano, pero les escribí a mis hermanas y les mandé foto y placas de mi conductor. Les escribí “las quiero” porque verdaderamente no sabía si esas iban a ser las últimas palabras que les iba a poder decir, porque realmente tenía miedo de no llegar a mi destino.

Vivir siendo mujer es un desafío, vivir con miedo es espantoso y el mayor desafío cada día es aprender a ser valiente y resistiendo con lo que ellos no quieren que hagamos: vivir. Como cada respiración nuestra les incomoda, no nos queda más que seguir haciéndolo y no sólo eso también luchar con mis hermanas, mis sobrinas, mis primas, mis amigas y compañeras.

Perdóname Mara, Valeria, Lesvy, todas, perdónenme porque mi voz aún no es lo suficientemente fuerte como para frenar a quienes las lastimaron y se las llevaron. Pero voy a continuar respirando, si eso tanto les molesta a ellos, voy a rebelarme intentando llevar una vida digna, divirtiéndome, sonriendo porque eso les molesta.

Sobre todo quiero vivir luchando porque la vida de cada mujer cuenta, porque no puedo permitir que el machismo me arrebate a mis aliadas, a mis mujeres, porque vivir luchando es lo que debo hacer.

Da miedo, es intimidante y da mucho coraje. Es, como compartí, si cada segundo supieras que es el último, pero si es el último, por ellas espero que sea luchando, resistiendo y amando a las mujeres. Y aunque nos las arrebataron, de algún modo, siguen con nosotras resistiendo, a nuestro lado en las consignas, en nuestra fuerza para seguir alzando nuestras voces.

Y si este es mi último respiro, les quiero decir… hermanas, sobrinas, amigas, compañeras, a todas, que las quiero con todo mi corazón.

Nos quedamos

Ya no quiero ni escribir, mis clientecitos, mis compañeritos y mis jefecitos (entiéndase el diminutivo con tono condescendiente) se han encargado de recalcarme mi múltiples errores de redacción. Me siento como cuando inicié clases de la carrera en la UAM y todos los profesores me decían que no sabía escribir. Por eso cerré un blog dos veces.

Siento que debo defender hacer algo que a lo mejor ni sé hacer, en fin, esto no es lo que deseaba compartir. Aquí sigo compartiendo esta mierda, aquí sigo…

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Ser adulto

Está conversación la tuve con una amiga hace unos 2 o 3 años:

Amiga: Ya no voy a ir a conciertos.

Daniela: ¡¿Qué?! ¿Por qué?

Amiga: Pues no sé, se me hace gastar mucho dinero, tengo otras prioridades, creo.

Daniela: Yo no podría, nunca voy a dejar de ir a conciertos, es lo único que le da sentido a mi vida.

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No soy bonita

Vamos a dejar clara una cosa: No soy bonita. No se adelanten, les voy a explicar la razón por la cual no soy bonita.

La semana pasada ocurrieron dos situaciones que me trajeron claridad al respecto. La primera fue el día internacional de la mujer, sobre todo, un manifiesto que leí en Internet. Hablaba sobre las razones por las que es importante salir a las calles ese día. La autora respondía a un fulano que la bloqueó en Whatsapp por feminista.

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